Los fundamentos de la sentencia por el “travesticidio” de Diana Sacayán

El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional nro. 4 de la Capital Federal publicó los fundamentos del veredicto dictado el 18 de junio de 2018 en la causa que investigó el homicidio de la activista Diana Sacayán.

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El imputado Gabriel David Marino fue condenado a prisión perpetua como coautor del delito de homicidio calificado por odio de género y por haber mediado violencia de género (art. 80, incs. 4 y 11, Código Penal) contra Diana Sacayán.

Entre los pasajes destacados, el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional nro. 4 sostuvo: “Las circunstancias del contexto y modo de comisión del hecho permitieron suponer, desde un comienzo, que el homicidio había estado motivado por su condición de mujer trans y por su calidad de miembro del equipo del Programa de Diversidad Sexual del INADI, impulsora de la lucha por los derechos de las personas trans, líder de la Asociación Internacional de Lesbianas, Gays y Bisexuales (ILGA) y dirigente del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL)”.

Los acusadores entendieron que era aplicable para este caso el término “travesticidio” porque comprende el homicidio de una travesti (o trans) por odio a su orientación sexual, lo que conlleva “una carga de discriminación constante desde distintas esferas de la sociedad, así como también, su necesaria derivación hacia la incertidumbre, la inseguridad y la lucha por revertir dicha injusticia”.

El odio es “la aversión que el agente siente por una persona o grupo de personas, siendo por ella que el autor se decide a actuar”. El tribunal sostuvo que “el agresor no mata porque con ello persiga algún fin determinado; por lo general, lo hará por odio al género humano, constituidos por los sexos masculino o femenino, sea por las diferencias o desigualdades que ello implica”.

En cuanto a las pruebas, se encontró una huella de Marino en la puerta del dormitorio de la víctima y varios profilácticos usados en un cesto de basura del baño (uno había sido utilizado por el acusado). Además, se comprobó que Sacayán se defendió por el tipo de lesiones que tenía y por el material biológico encontrado en sus uñas. De esta manera, se acreditó que Marino la atacó.

En el fallo, al manifestarse sobre las pruebas, se indicó: “la prueba recolectada durante el debate se ha presentado como sólida y terminante, compuesta por varios engranajes que encastran perfectamente entre sí y que permitieron descartar las aparentes contradicciones o dudas hábilmente deslizadas por la defensa en su completo alegato para tratar de sembrar, infructuosamente, una duda que fuere razonable”.

El tribunal descartó en esta causa (nro. 62.162/2015) el agravante de alevosía porque implicaría que el victimario se aprovechó de la indefensión de la víctima. Sin embargo, Sacayán opuso resistencia al ataque.

A su vez, el tribunal absolvió a Marino por el delito de robo. Una amiga de Sacayán expresó que le había dado a la nombrada $ 20.000 y, como no aparecieron en el departamento, se le imputó a Marino tal delito. Sin embargo, se lo absolvió porque no había pruebas de cargo presentadas por el acusador para sostener la imputación y esa ausencia “no puede ser suplida por la actividad del tribunal”. Por lo tanto, se aplicó el principio in dubio pro reo.

El fallo consideró que el imputado estuvo en condiciones tanto de comprender la criminalidad del hecho como de dirigir sus acciones y soportar el desarrollo de un juicio oral y público.

El hecho fue cometido por Marino y por otra persona entre las 22.35 del sábado 10 y las 4 del domingo 11 de octubre de 2015 en el departamento de la causante ubicado en el barrio porteño de Flores. El cuerpo fue encontrado el 13 del mismo mes, atado de manos y pies, amordazado y con múltiples heridas en distintas partes del cuerpo.

El delito fue causado con “alto grado de violencia” ya que la muerte de la víctima fue consecuencia de las 27 lesiones efectuadas por un arma blanca, que le provocaron hemorragia interna y externa, además de haber sufrido asfixia por tener tapadas la boca y la nariz.

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Fuente: Erreius